viernes, 28 de octubre de 2016

Una mujer así

Volví a leer a Casas. Cuando termino cada uno de sus capítulos, solo digo que no esperaba menos. Fui a comprar su nuevo libro con Florita, que vino de visita por tercera vez, ahí en el shopping, que es el único lugar donde hay una librería por aquí. Me atendió la chica de la otra vez, la de lentes grandes que no conocía a Girondo, aun trabajando en una librería. Tiene el pelo más corto y se tiñó de colorada. Como mis compañeras cuando iba a la secundaria y ese color estaba de moda. A la vuelta, mientras se avecinaba el temporal que se quedó por dos días en la ciudad y caminábamos bajo la lluvia, le conté a Florita que todavía no sabía porque mis viejos se habían elegido. Me gustaría preguntarle a mi viejo como hizo para conquistar a mi vieja. Como es que le dio bola, como se hace para conseguir una mujer así, como es eso de estar más de cuarenta años junto a alguien, de despertarse todos los días sin decirle que te cansaste de verle la cara, saber que elegiste la persona correcta. En definitiva, como se hace para conseguir una mujer así. Acostumbrarte a los humores, olores y mañas del otro. Que la mayoría de las mañana de té sean lindas, que siempre tenga frio para poderla abrazar. Capaz que eso es amor. Yo al amor le tengo terror, soy alto cagón. Al amor y a la muerte. El amor me da miedo de una manera que me paraliza. La muerte,  en algún momento llegará, pero la quiero bien lejos. Mientras las calles empezaban a inundarse, Florita protestaba por sus mocasines mojados. Mis zapatillas no podían más. Bajando la loma, cantábamos Entre los cuerpos de Mi amigo invencible, mientras cruzábamos miradas en la parte que dice El desvío me trajo hasta acá.